Una pareja encuentra en la música de Los Apson una forma de acompañar el desvelo de su hijo durante la madrugada.
La madre lo carga mientras intenta tranquilizarlo con una canción. El llanto amenaza con despertar a su hermana, por lo que busca apoyo del padre.
Él espera en el patio, sentado en una mecedora y con una cerveza en la mano. Después suben a una motocicleta: el hombre conduce, la mujer viaja detrás y sostiene al niño, cubierto con una manta de lana.
Durante el recorrido nocturno, ambos cantan temas del grupo. El niño finalmente deja de llorar mientras avanzan por el camino.
Al amanecer, el padre deja a la madre y al pequeño para ir por comida. Ella vuelve a casa cantando otra melodía. La escena confirma la devoción de ambos por Los Apson.

