La reciente masacre en un carril cercano a Parral volvió a encender las alarmas sobre la violencia en el sur de Chihuahua, especialmente en zonas como Guachochi y Guadalupe y Calvo. Un comando irrumpió durante carreras de caballos y asesinó al menos a ocho personas, mientras otro cuerpo apareció descuartizado en la entrada de Parral.
El operativo criminal estuvo perfectamente coordinado: bloqueos con camiones, tráileres y múltiples balaceras para asegurar su escape. Lo más inquietante: entre las víctimas también había integrantes de grupos dedicados al robo de vehículos en la zona.
El choque habría sido entre Los Salazar, ligados al Cártel de Sinaloa, y La Línea, del Cártel de Juárez. Mientras autoridades se contradicen —¿venganza?, ¿incursión?, ¿ejecución múltiple?— surge la pregunta inevitable:
¿Ha perdido el Estado el control en esta región?
Cuando grupos criminales operan con más inteligencia, presencia y capacidad de despliegue que las autoridades, cuando incluso después de reuniones de seguridad aparecen convoyes de más de 10 vehículos armados a pocos kilómetros… la realidad se impone.
Según el análisis, el sur de Chihuahua muestra características propias de un “Estado fallido”: pérdida del control territorial, incapacidad de garantizar seguridad y dominio de la fuerza por parte del crimen organizado.
Una advertencia preocupante sobre la situación actual de la región.


