El derecho al ocio invita a cuestionar una rutina que suele medir el tiempo por cuánto producimos o consumimos. En esta reflexión, Marco Antonio Gutiérrez Mendoza aborda cómo esa lógica influye tanto en el descanso como en el entretenimiento.
Aristóteles vinculó el tiempo libre con el desarrollo humano. Theodor W. Adorno, por su parte, lo concibió como un tiempo fuera de las dinámicas de producción y consumo. Desde ambas perspectivas, el ocio podría ser un espacio para decidir libremente cómo emplear el tiempo, aunque las condiciones sociales y económicas hagan difícil esa separación.
El autor plantea que, en 2026, la vida cotidiana está marcada por la exigencia de trabajar y consumir. Esa presión puede convertir actividades sencillas en oportunidades que sentimos que debemos aprovechar: caminar solo si produce algún beneficio, iniciar un negocio en vez de descansar o lamentar una hora adicional de sueño.
En ese contexto, el entretenimiento tampoco estaría completamente separado de los intereses económicos y políticos. Adorno y Max Horkheimer llamaron “industria cultural” al ámbito de la producción masiva de contenidos. Gutiérrez Mendoza retoma esa idea para señalar que programas, museos, conciertos y radio pueden transmitir discursos y orientar opiniones.
El teléfono celular, agrega, ocupa un lugar central en esa experiencia. Revisar WhatsApp, Instagram o el correo puede interrumpir el descanso; al mismo tiempo, las redes se convierten en una forma de entretenimiento y consumo de contenidos.
El artículo también sostiene que el arte no es neutral frente a los asuntos públicos. Como ejemplos de artistas que se han pronunciado sobre Gaza, menciona a Ed Sheeran, Axl Rose, Roger Waters y Los Horóscopos de Durango. En contraste, señala que Metallica pidió neutralidad política en el arte.
Gutiérrez Mendoza cuestiona que esa neutralidad sea posible y alude a personajes de la película “Forrest Gump”, así como a las posiciones públicas del cineasta Quentin Tarantino, a quien describe como sionista y proisraelí. Su argumento es que tomar distancia ante un conflicto también comunica una postura.
Como conclusión, propone reservar momentos de descanso sin convertirlos en proyectos, publicaciones para redes sociales o compras. Sugiere compartirlos con uno mismo, la familia o los amigos, según las posibilidades de cada persona, y acercarse al entretenimiento con una mirada crítica sobre las ideas e intereses que puede expresar.



