La inflación en Estados Unidos ha experimentado un sorprendente repunte, alcanzando un 3.7% anual, impulsado por un aumento en los precios de la gasolina. Esta situación podría tener consecuencias tanto para la Reserva Federal (Fed) como para México.
El Índice de Precios al Consumidor, publicado recientemente por la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU., informó que la inflación anual en agosto llegó al 3.70%. Lo preocupante es que esta cifra supera las expectativas de los mercados, que esperaban un 3.6%, según FactSet, que reúne las previsiones de economistas.
No solo la inflación se niega a ceder, sino que también ha aumentado por segundo mes consecutivo. Además, la inflación subyacente, que se centra en los precios de bienes clave y que a largo plazo influye en la inflación general, se mantiene en un 4.30%.
En cuanto a la inflación mensual, aumentó un 0.6%, destacando el repunte en los precios de la gasolina en EE. UU., con un promedio nacional de 3.85 dólares por galón.
Esta situación abre la puerta a que la Reserva Federal (Fed) de EE. UU. considere subir nuevamente las tasas de interés o, al menos, mantenerlas en su nivel actual del 5.50%, lo que podría tener implicaciones en la economía del país.
En México, el Banco de México (Banxico) es sensible a los datos económicos de EE. UU. y podría contemplar un nuevo aumento en su tasa de interés base, actualmente en 11.25%. Esto podría afectar negativamente los créditos, el consumo y el crecimiento económico con el objetivo de mantener la estabilidad de los precios.
En resumen, México enfrenta una inflación anual del 4.64% al cierre de agosto, 0.9 puntos porcentuales por encima de la inflación en EE. UU., lo que plantea desafíos económicos en ambos países.



